
El envejecimiento del clero asturiano parece imparable. La creciente falta de vocaciones ha situado la edad media de los sacerdotes del Principado en casi 68 años, «67 para 68», según señaló ayer el arzobispo de Oviedo en el programa 'La lupa' de Canal 10. Pero si elevada es la cifra adelantada por Carlos Osoro, más fuerte aún resulta el incremento que ha sufrido en los últimos años, en los que ha pasado de los 61 años de media en 2000 a los 64 en 2006 y a los 68 en 2007. En los últimos diez meses, la media ha crecido cuatro años.
De ahí que «la falta de vocaciones» se haya convertido en «uno de mis retos personales de cara al próximo sínodo asturiano», señaló Osoro, quien resaltó que «sin el ministerio sacerdotal no existe la Iglesia Católica, porque para que haya Eucaristía tiene que haber hombres que presten su vida para el ministerio de Jesucristo. Son personas esenciales para la Iglesia».
Pero la realidad apunta a un declive que se refleja en la pérdida de nuevos seminaristas entre el curso 2005-2006 y 2006-2007 y que el arzobispo de Oviedo no sabe cómo parar. «No tengo el método para estimular las vocaciones, pero me inclino a pensar que sólo el testigo atrae a otros para seguirle. Como la Iglesia primitiva, en la que cada cristiano legitima la vida cristiana como testigo de su fe. Ya dijo Juan Pablo II, a quien yo tengo por un santo, que la Iglesia tenía que ser nueva en orden, en método y en expresión, y que cada uno tiene que ser un método, o el método, para encontrarse con Dios».
Y ese objetivo enlaza con su segundo reto sinodal: que los laicos hagan profesión de fe. «El cristiano tiene que tener una presencia pública en el mundo, decir, ser y vivir lo que piensa y lo que es, pero eso no significa una ideologización de la fe, porque cuando la fe se ideologiza deja de ser fe cristiana. No sé lo que la gente va a proponer, pero tenemos que asumir nuestra identidad, tener claro lo que somos antes de afrontar lo que hacemos», afirmó Carlos Osoro, quien hace gala de que «yo nunca escondo lo que pienso».
Partidario de que la asignatura de Religión sea evaluada igual que cualquier otra materia, «porque es la única forma de dar relevancia a la asignatura», mantiene, sin embargo, que en la defensa de sus principios «la Iglesia no ha ido contra nadie, pero tiene la necesidad de expresar lo que siente. Callarse sería una traición».
Pero es crítico, sin embargo, con la beligerancia que mantienen algunos medios de comunicación de la Iglesia. «Los medios de la Iglesia no están para provocar confrontaciones con nadie, no me gusta la utilización de la agresividad, porque dejaría de ser cristiano», afirma Carlos Osoro, al tiempo que defiende que se imparta enseñanza de otras religiones «si hay quien lo solicite, pero también la fe católica, porque aquí no somos ni del norte de África ni de tradición atea. Usted mire los signos más importantes de Asturias y todos son católicos. Son siglos de historia», concluyó mientras dirigía la mirada a Europa y apreciaba «el reverdecer del pensamiento cristiano».
Fuente: El Comercio
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