
La disposición de la Iglesia en Asturias en este proceso es clara: tiene que vivir y configurarse desde lo que es realmente. Todos los cristianos, que damos rostro a la Iglesia aquí en Asturias, queremos ser lo que realmente somos, para realizar mejor y propiciar una presencia de la Iglesia fiel a nuestro Señor Jesucristo.
Una Iglesia libre de ideologizaciones, llena de gozo, de alegría y esperanza, porque hace presente y regala a los hombres el Amor, que es Dios mismo: "la Iglesia se convirtió en tal, cuando el Señor, después de haber dado su Cuerpo y Sangre bajo las especies de pan y vino, dijo: "haced esto en memoria mía". Ello significa: la Iglesia es una respuesta a este cometido, a la autoridad y a la responsabilidad que conlleva.
La Iglesia es eucaristía. Ello implica que la Iglesia proviene de la muerte y resurrección de Jesús, pues las palabras sobre la donación del cuerpo habrían quedado vacías de no haber sido una anticipación del sacrificio real de la Cruz, lo mismo que su memoria en la celebración sacramental sería culto de los muertos y formaría parte de nuestro luto por la omnipotencia de la muerte, si la resurrección no hubiese transformado este cuerpo en "espíritu dador de vida"...
Fuente: Pastoral del Arzobispo, n. 12
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