
Un Sinodo no es un nuevo plan de pastoral al que cada uno puede poner cotas o apuntarse o no. Un Sínodo nos dispone a todos a ponernos en camino para la misión.
Es una decisión tomada por el Obispo, que afecta a todos y cada uno de los miembros que componen la Iglesia particular y que ordena todo su apostolado a buscar en ese momento histórico que vive la Iglesia particular, la difusión del Reino de Cristo sobre la tierra.
De tal manera que el Sínodo no es de un Obispo, o de un grupo más o menos cualificado. Afecta a toda la Iglesia y , de modo particular, al presbiterio diocesano que, junto con el Obispo, tienen la misión de hacer presente a Jesucristo, y hacer percibir la misión de la Iglesia.
Siempre de fondo tiene que estar esta afirmación: La Iglesia es para la msión.
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