jueves, 11 de enero de 2007

Entrevista al Arzobipo de Oviedo sobre el Sinodo de Asturias


«El sínodo debe cambiar el mapa parroquial y diseñar la Iglesia de los próximos 20 años»
«Está sin redactar el reglamento de trabajo que guiará el proceso y todavía no se qué papel desempeñaré»

RAÚL ÁLVAREZ/OVIEDO

Justo cinco años después de su designación como arzobispo de Oviedo, Carlos Osoro afronta la organización de un sínodo de la Iglesia regional, cuya convocatoria hará pública hoy. Hace décadas que no se convoca ninguno, así que son muchos los asuntos pendientes. De la cita ha de salir el diseño de la diócesis del futuro. Osoro, en cualquier caso, se siente preparado. Ha pasado la mayoría del tiempo haciendo kilómetros por la región hasta aprendérsela.

-A veces parece retraído. ¿Está a gusto en la vida pública?

-Me encuentro respetado y reconocido. Incluso diría que, a través del trato, he logrado alguna amistad.

-¿Y en el debate permanente sobre casi todo?

-Esta es una región con una sensibilidad social muy grande. Los problemas no se guardan, sino que se sacan a la mesa y se discuten. Cuando hay problemas, siempre hay soluciones. Aquí hay capacidad para buscarlas y se están haciendo esfuerzos, aunque a veces hay situaciones históricas en las que el cambio no es fácil. Pero somos un pueblo con capacidad de hallar salidas. Y en eso hay una diferencia tremenda con otras regiones de España.

-Hoy convoca el sínodo que anunció en setiembre. ¿Cómo influye ese conocimiento en la preparación de los documentos?

-El sínodo tiene dos años de plazo para su preparación, antes de la asamblea. El año que viene será año santo en la diócesis de Oviedo para celebrar los 1.200 años de la entrega de la Cruz de los Ángeles y los 1.100 de la donación de la Cruz de la Victoria. Será muy importante y bonito y, cuando acabe, será el tiempo de las proposiciones para ver qué es lo más urgente que necesita la Iglesia. Es un trabajo para todos los cristianos y en ese momento sacaré otra carta pastoral que incluirá el programa definitivo. Por último, se reunirá la asamblea que tendrá que tomar decisiones y proponer al arzobispo los pasos de la Iglesia para los próximos años.

-De los contactos previos para la convocatoria de este sínodo, ¿qué cree que esperan las parroquias?

-He visto una preocupación sobre cómo alimentar la fe y cómo celebrarla para fomentar nuevas vocaciones. También hay preocupación por el futuro de la familia cristiana e interés por la apertura misionera y la colaboración con iglesias hermanas que tienen más necesidades que nosotros. De todas maneras esto es una etapa previa y aún habrá tiempo para incluir nuevas proposiciones.

-¿Participará directamente en estos dos años de reflexión? ¿Se reunirá con grupos en las parroquias?

-Aún está sin redactar el reglamento de trabajo por el que se guiará el proceso. Esa es una tarea de la Secretaría General que acabo de nombrar. Lo primero que tiene que hacer ésta es escoger una comisión permanente para que la ayude y en ella tiene que haber, sobre todo, representantes del consejo pastoral, la única institución de la diócesis en la que están representados a la vez laicos, religiosos y sacerdotes. Es un momento bonito para la Iglesia, pero todavía no se qué papel desempeñaré yo.

-¿Hay esperanzas de cambio en la diócesis?

-Hay de todo. Para algunos, es sólo una cosa más. Desde el momento que decreté el sínodo, dejó de ser mío para hacerse de todos los cristianos. Hay que definir la pastoral, la vida de los sacerdotes, las estructuras que sobran o faltan. Veremos.

-¿Debería salir un nuevo diseño completo de la diócesis?

-Deben salir, como en cualquier sínodo, las directrices fundamentales sobre las que diseñar la Iglesia para los próximos 15 ó 20 años.

-No faltan retos. El mapa eclesiástico se ha quedado anticuado al concentrarse la población en el centro. ¿Van a cambiarlo en este proceso?

-El mapa ya no responde y necesita cambios. Hemos trabajado en las unidades pastorales para agrupar parroquias, pero hay que profundizar en ellas. El diseño está hecho y, en parte, la forma de trabajar. La parroquia sólo tiene sentido como comunidad cristiana. Y eso necesita personas. No basta tener un templo para tener una parroquia. Hace falta la posibilidad de ejercer la caridad y la vida litúrgica. Falta mucho trabajo.

-¿Necesitan esas parroquias envejecidas una atención especial?

-Necesitan saber que son parte de la Iglesia y que no están abandonadas. Las formas quizá tienen que cambiar para transmitir esa sensación. En el fondo, los sínodos siempre han revitalizado la vida de la Iglesia. Y en Asturias no se ha celebrado ninguno después del Concilio Vaticano II, así que hay que aplicarlo. Es una tarea que debe hacerse con menos sacerdotes, y más envejecidos.

-¿Cómo puede la Iglesia afrontar la crisis de vocaciones en tiempos de 'Gran Hermano'?

-Creo sinceramente que el Señor sigue llamando exactamente igual que antes a jóvenes para que acojan el ministerio del sacerdocio. El problema es que hoy existen muchas causas que impiden que se oiga, pero no es nada que la Iglesia no haya visto antes, y siempre se ha recuperado.

-¿Es difícil para la Iglesia hablar el lenguaje de los jóvenes?

-No es una anécdota que en la vigilia de la Santina se reúnan 500 o 600 jóvenes, por más que no sean todos los de Asturias. Cuando alguien se entrega, funciona. Los jóvenes no pasaron de Juan Pablo II ni de Teresa de Calcuta. Y eran de todas las ideas, culturas y tendencias. Hay que ofrecerles a los jóvenes ese tipo de testigos que son capaces de generar entusiasmo.

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