miércoles, 17 de enero de 2007

Un sociologo opina sobre la conveniencia de la celebracion del Sinodo


Por diversas razones que se enumerarán, me encuentro entre quienes no consideran conveniente la celebración de este acontecimiento eclesial.

La principal de las razones de esta negativa tiene que ver con los problemas que separan a la Iglesia de la sociedad. Su magnitud y dimensiones exceden las competencias de nuestra iglesia local, afectan a todo el orbe católico y han quedado zanjados de modo temporal, que no definitivo, por las jerarquías vaticanas.

Si, como ya nos anuncian, estos asuntos no se tocan y son temas tabú, ¿de qué vamos a hablar que pueda resultar de mediano interés? La Iglesia de Asturias tiene experiencias negativas recientes, como la Asamblea Sacerdotal del año 1978, que no han conducido a nada. El debate por el debate, aparte de su escasa utilidad, provoca frustración.

La segunda razón para la negativa tiene que ver con los hipotéticos participantes en el proceso. ¿Quiénes van a ser? ¿Cómo van a ser elegidos? Lo que nos conduce a la cuestión de la participación y la representatividad en los procesos de toma de decisión eclesiales.

A estas alturas de la película ya nos conocemos todas las preguntas y las respuestas. La experiencia de muchos años sobre el funcionamiento de los organismos de consejo eclesiales nos revela que, en la mayor parte de los casos, los consejeros son aconsejados por aquellos a quienes debieran aconsejar.

Por si esto fuera poco, los escasos miembros electos suelen ignorar de modo sistemático la voluntad y la opinión de quienes depositaron su confianza en ellos. El resultado final de estos procedimientos es la irrelevancia de esos organismos y la indiferencia que suscitan los asuntos que abordan.

Una tercera y última razón tiene que ver con la ausencia de liderazgo en la Iglesia asturiana para pilotar no sólo el desarrollo del hipotético sínodo, sino las posibles conclusiones que de él emerjan. Es más, este problema trasciende nuestras fronteras diocesanas y ya es un lugar común entre todos los analistas eclesiales que se precien en España. Sin líderes cercanos, queridos, aceptados, imaginativos, capaces de trabajar en equipo, queda poco espacio para el diseño del próximo futuro.

Entre nosotros, la prueba más evidente la tenemos en el agonizante Plan Pastoral Diocesano que ha pasado sin pena ni gloria. También en otros decretos firmados en espectaculares ceremonias litúrgicas de cuyo desarrollo y cumplimiento nada más se ha sabido.

Por último, convendrá recordar, a modo de aviso para navegantes presuntamente ortodoxos, que cuando hay un proyecto, aunque sea en la Iglesia, se puede opinar e incluso disentir. En este sentido, la invocación a la comunión eclesial en este punto bueno será dejarla para cuando se tome la decisión concreta.

José Ramón Alvárez Alvárez. (Párroco de Pruvia-Llanera)

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